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Pilar Cacho Martínez
PhD, óptico-optometrista

Mario Cantó-Cerdán
PhD, óptico-optometrista
FATIGA VISUAL DIGITAL. ¿REALIDAD O FICCIÓN?
Viernes, 10 de abril de 2026
De 17:30 a 18:30 - Sala N-102
El uso generalizado de dispositivos digitales en los ámbitos laboral, educativo y social ha incrementado de forma notable la demanda visual en visión próxima, generando un aumento de consultas por síntomas oculares y visuales que se engloban habitualmente bajo el término fatiga visual digital. Esta condición se define de manera amplia como la aparición o exacerbación de síntomas visuales y oculares asociados al uso prolongado de pantallas, si bien en la actualidad no existe una definición unificada ni criterios diagnósticos consensuados, lo que plantea dudas razonables sobre su verdadera naturaleza clínica.

Los síntomas atribuidos a la fatiga visual digital son diversos y, en la mayoría de los casos, transitorios. Incluyen molestias oculares como sequedad, escozor, sensación de arenilla, enrojecimiento, lagrimeo, fotofobia y fatiga ocular; síntomas visuales como visión borrosa, dificultad para enfocar, diplopía y cefalea; y manifestaciones extraoculares relacionadas con factores posturales y ergonómicos, como dolor cervical y dorsal. Estos síntomas se han relacionado tradicionalmente con el tiempo de exposición a pantallas, considerándose que el riesgo aumenta a partir de un determinado número de horas diarias, aunque los valores descritos en la literatura son variables. Se han propuesto distintos mecanismos para explicar la aparición de esta sintomatología. Entre ellos destacan las alteraciones del parpadeo inducidas por el uso de dispositivos digitales, que provocan inestabilidad de la película lagrimal y síntomas compatibles con ojo seco, así como factores ambientales y ergonómicos que pueden contribuir al malestar visual. Sin embargo, un elemento clave que ha recibido menor atención en muchos estudios es la posible implicación de disfunciones visuales subyacentes, como errores refractivos no corregidos o disfunciones acomodativas y binoculares, que pueden manifestarse clínicamente ante demandas visuales sostenidas.

La prevalencia de la fatiga visual digital descrita en la literatura es muy heterogénea, con valores que oscilan ampliamente según la población estudiada. Esta variabilidad refleja importantes limitaciones metodológicas, entre ellas la ausencia de criterios diagnósticos homogéneos y el uso predominante de cuestionarios basados exclusivamente en síntomas subjetivos. Aunque existen cuestionarios validados para la evaluación de síntomas asociados al uso de pantallas, ninguno de ellos se ha desarrollado comparándose con un gold standard ni incorporando de forma sistemática un examen optométrico completo, lo que dificulta la interpretación clínica de sus resultados.

La evidencia científica más reciente sugiere que muchos de los síntomas atribuidos a la fatiga visual digital podrían no depender directamente del uso de dispositivos, sino estar relacionados con la presencia de disfunciones visuales no diagnosticadas o no tratadas adecuadamente. Estudios clínicos que incluyen una evaluación optométrica completa muestran que, al considerar la existencia de errores refractivos, disfunciones acomodativas y anomalías de la visión binocular, la asociación entre síntomas y horas de uso de pantallas desaparece. Estos hallazgos plantean la necesidad de replantear el concepto de fatiga visual digital y cuestionar si se trata de una entidad clínica independiente o de una manifestación inespecífica de otras alteraciones visuales.

En este contexto, el abordaje clínico del paciente con síntomas asociados al uso de dispositivos digitales adquiere una especial relevancia desde la práctica clínica. Más allá de recomendaciones generales de higiene visual y ergonomía, es fundamental identificar la causa visual subyacente mediante un protocolo clínico estructurado que permita diagnosticar de forma precisa las disfunciones refractivas, acomodativas y binoculares, así como valorar la superficie ocular cuando sea necesario. Solo a partir de un diagnóstico adecuado es posible establecer un tratamiento eficaz y basado en la evidencia, evitando atribuir de forma inespecífica los síntomas al uso de pantallas.

La reflexión sobre si la fatiga visual digital constituye una realidad clínica o una etiqueta que engloba síntomas de origen diverso resulta clave en la práctica optométrica actual. Analizar críticamente la evidencia disponible y profundizar en el diagnóstico de las disfunciones visuales asociadas permite avanzar hacia un manejo clínico más preciso, individualizado y fundamentado científicamente.

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